Mark Knopfler lleno de color

- FOTO: Domingo J. Casas
El pasado Sábado fuimos 11.000 personas esbozando trazos sobre un lienzo imaginario. Líneas contundentes, armónicas, momentos coloridos y otros más templados. Estábamos en medio de la naturaleza, en un recinto con encanto disfrutando de un artista mítico, Mark Knopfler.
Calentamos motores con la voz de la poetisa Pieta Brown y la guitarra de Bo Ramsey. Con algunas pinceladas de blues, comenzamos a ubicarnos en el rock-folk que más tarde reinaría en la noche cerca de las cumbres del circo glaciar de la Sierra de Gredos, formando un auditorio natural en la finca Mesegosillo de paredes llenas de vida.
Después llegó el momento. Los músicos fueron haciendo su entrada en el escenario, entonces llegó Mark Knopfler y el público alzó la voz para saludarle, quizás tendríamos que haber saludado también a la cantidad de guitarras que pasaron por sus manos durante la actuación.

- FOTO: Domingo J. Casas
Era el cabeza de cartel de la quinta edición del festival “Músicos en la naturaleza”, un programa que busca promocionar espacios naturales; además, se trataba de un momento especial, ya que con este concierto daba por finalizada una gira mundial que comenzó en septiembre de 2009 bajo el nombre de su último trabajo en solitario: “Get Lucky”. Seguro que durante mucho tiempo todos recordaremos el paraje donde pudimos deleitarnos con la particular forma de acariciar el instrumento de Mark Knopfler.
Son muchos años de experiencia sobre los escenarios y eso, sin duda, se nota a la hora de captar la atención del público. Sin levantarse de la silla, seguramente motivado por la lesión que tiene en la espalda, consiguió que su sonido calara en la mente de todos los asistentes, uniendo por unos momentos a tres generaciones y varios estilos de personas totalmente diferentes.
Durante las casi dos horas que duró el concierto, pudimos beber de toda su carrera. Comenzando con “Border reiver”, tema que abre su último trabajo, seguido de composiciones para su carrera en solitario como “What it is” o “Sailing to Philadelphia”. Sin embargo, vivimos momentos solemnes con temas del grupo al que dio vida, Dire Straits, como “Sultans on swing” (a juzgar por la entrega del público, uno de los temas más aclamados en su carrera), “Romeo and Juliet”, “Telegraph road” (alargado con un punteo más de 10 minutos), “Brothers in arms” y “So far away”. Hubo tiempo para himnos de campeones como el famoso “Oé oé oé”, introducido mediante unos acordes que en seguida todos captaron y corearon a la vez. Después de un amago con “Brothers in arms”, finalmente fue “Piper to the end” quien tuvo la responsabilidad de barnizar el lienzo del que todos habíamos disfrutado.
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